Una capa verde, un arco y unas flechas, un bosque lleno de forajidos y una lucha contra un sheriff corrupto: casi ningún personaje medieval es tan conocido como Robin Hood. Pero, ¿fue realmente un ser humano de carne y hueso, o se trata de un puro invento? La respuesta sincera de los investigadores es: es más complicado que un simple sí o no. Echemos un vistazo a lo que realmente revelan los expedientes judiciales, las crónicas y las baladas.
Esto es lo que encontraréis en este artículo
- Robin Hood en pocas palabras
- ¿Qué sabemos realmente?
- Los primeros indicios: del folclore a la crónica
- Los expedientes judiciales: un nombre se convierte en un alias
- El candidato de Wakefield
- Otros candidatos: un rebelde de Leicestershire y un exiliado de Shropshire
- Barnsdale en lugar de Sherwood: donde todo comenzó
- La narración más antigua: *A Gest of Robyn Hode*
- De campesino libre a conde: cómo creció el mito
- Los Hombres Alegres: una comunidad sin líder fijo
- El bosque y el arco: símbolos con un significado original diferente
- De guardabosques a héroe de cine: Robin Hood en la gran pantalla
- De forajido a rebelde social
- Cronología: las etapas más importantes de la tradición de Robin Hood
- ¿Qué dice la investigación hoy en día?
- Conclusión
Tiempo de lectura: unos 16 min.
Robin Hood en pocas palabras
- El nombre «Robin Hood» aparece por primera vez en 1226 en los expedientes judiciales de la ciudad de York, como denominación de un forajido condenado.
- Hasta el año 1300, el nombre se atribuyó al menos a otras ocho personas, convirtiéndose así en un apodo genérico para los proscritos.
- La mención literaria más antigua se encuentra alrededor de 1377 en el poema *Piers Plowman*, de William Langland.
- Hasta la fecha, la investigación no ha podido demostrar la existencia de un único «Robin Hood original» identificado sin lugar a dudas.
- Elementos como el título nobiliario, la doncella Marian y la conexión con Ricardo Corazón de León surgieron siglos más tarde a través de obras de teatro y novelas.
¿Qué sabemos realmente?
Robin Hood ya aparece en las crónicas escocesas de principios del siglo XV como un supuesto bandolero histórico; en aquella época se le consideraba, como es lógico, una persona real. Sin embargo, si esta persona existió realmente, habría tenido que vivir ya en la primera mitad del siglo XIII. Y es precisamente ahí donde se pierde su rastro: no existe ningún certificado de nacimiento, ningún acta judicial inequívoca, ni una biografía contrastada. Se han identificado varios candidatos a partir de actas judiciales y otros documentos que presentan ciertas similitudes con el personaje narrativo posterior, pero ninguna de estas identificaciones se considera realmente convincente.
La especialista en Edad Media, la Dra. Judith Klinger (Universidad de Potsdam), lo resume así: Robin Hood permanece en un limbo entre los hechos y la ficción que, en el estado actual de la investigación, no puede resolverse.
Los primeros indicios: del folclore a la crónica
La mención literaria más antigua que se conoce no se encuentra en una biografía, sino en una referencia incidental: hacia 1377, William Langland menciona en su poema *The Vision of Piers Plowman* las «rymes of Robin Hood» —rimas sobre Robin Hood— que, en aquel momento, ya eran tan conocidas que una alusión literaria funcionaba sin necesidad de más explicaciones. Esto significa que la leyenda propiamente dicha ya debía de ser, en aquel momento, bastante más antigua que su primer rastro escrito.
La primera referencia concreta aparece en la crónica escocesa *Orygynale Cronykil*, de Andrew of Wyntoun, redactada hacia 1420: en ella se sitúa a Robin Hood y a Little John en el año 1283 como forajidos en los bosques de Barnsdale e Inglewood. Unas dos décadas más tarde, el cronista Walter Bower va aún más lejos en su continuación de la crónica de John Fordun (Scotichronicon, redactada entre 1440 y 1447): En el año 1266 describe a un «Robert Hood» como famosus sicarius, un asesino o forajido de mala fama, y lo incluye entre los seguidores de Simón de Montfort —esos «desheredados» que, tras la derrota de este frente al rey Enrique III, en 1265 se convirtieron ellos mismos en proscritos. Al mismo tiempo, Bower señala con cierto resentimiento que el «pueblo necio» se complace en celebrar a este hombre de forma exagerada en tragedias y comedias —una prueba temprana de lo populares que ya eran las historias de Robin Hood en su época—.
Entre la tradición oral del siglo XIII y estas clasificaciones cronísticas del siglo XV se interpone, por tanto, una larga etapa en la que, al parecer, las historias solo se transmitían oralmente —como era habitual en la Edad Media en general—.
Los expedientes judiciales: un nombre se convierte en un seudónimo
Los primeros documentos fiables no son relatos, sino sobrios expedientes administrativos. En los Assize Rolls de York del año 1226 aparece un tal Robert Hod: sus bienes, valorados en 32 chelines y 6 peniques, fueron confiscados, y él mismo fue declarado fuera de la ley (Outlaw) por deber dinero a St. Peter’s en York. Al año siguiente, figura en los documentos como «Hobbehod», probablemente la misma persona que aparece en nueve Pipe Rolls consecutivos de Yorkshire entre 1226 y 1234.
Sin embargo, lo que más llama la atención es otro hallazgo: en la segunda mitad del siglo XIII se observa un aumento vertiginoso de apodos como «Robynhood». Hasta el año 1300, al menos ocho personas diferentes recibieron ese nombre, de las cuales al menos cinco eran ellas mismas infractoras de la ley. Esto apunta claramente a que «Robin Hood» ya no era, en aquella época, un nombre propio individual, sino que se había convertido en una especie de término genérico o apodo para los forajidos —una clara señal de que las historias sobre un forajido con ese nombre ya estaban muy extendidas y eran muy populares, con un origen que se remonta probablemente a antes de 1250.
El candidato de Wakefield

El anticuario Joseph Hunter planteó la hipótesis de un candidato especialmente persistente: un tal Robert Hood, de la zona de Wakefield, que se cree que vivió a principios del siglo XIV. Hunter supuso que este había sido partidario del rebelde conde de Lancaster, derrotado por el rey Eduardo II en la batalla de Boroughbridge en 1322. Según la teoría de Hunter, el rebelde habría sido indultado y posteriormente contratado como guardaespaldas en la corte; de hecho, un tal «Robyn Hode» aparece en las cuentas de la casa real de Eduardo II de los años 1323/24 como portero (Porter).
Sin embargo, investigaciones posteriores, encabezadas por el historiador J. C. Holt, no pudieron confirmar esta bonita historia: se ha demostrado que el «Robyn Hode» empleado como portero ya estaba al servicio del rey en la región en cuestión antes de la visita de este. No hay pruebas de que Robert y Robyn fueran realmente la misma persona, de que alguno de los dos fuera un rebelde o de que vivieran como forajidos. En la actualidad, la comunidad científica considera que esta teoría ha quedado refutada o que carece de fundamento.
| Candidato histórico | Fuente / Periodo | Valoración de los estudiosos |
|---|---|---|
| Robert Hod / Hobbehod (York) | Assize Rolls y Pipe Rolls, 1226-1234 | El único «Robin Hood» de la época de la que se tiene constancia que fuera un forajido, aunque no hay pruebas de que se dedicara al bandolerismo |
| «Robyn Hode», portero en la corte de Eduardo II. | Cuentas de la casa real, 1323/24 | Propuesto por Joseph Hunter; refutado por J. C. Holt |
| Al menos otros ocho personas con el mismo nombre | Diversos expedientes judiciales hasta 1300 | Muestran que el nombre se convirtió en un apodo genérico para los forajidos |
| Roger Godberd (Leicestershire) | Forajido a partir de 1265, partidario de Simón de Montfort | Paralelismos llamativos en los detalles (protección de un caballero, fuga de la cárcel); propuesto por David Baldwin, pero sin pruebas que lo corroboren |
| Fulk FitzWarin (Shropshire) | Novela en verso anglo-normanda, principios del siglo XIV | Muy similar en cuanto a la temática, pero aproximadamente un siglo más antigua que las baladas más antiguas de Robin Hood |
Otros candidatos: un rebelde de Leicestershire y un exiliado de Shropshire
Además del candidato de Wakefield, los historiadores han planteado la posibilidad de otros forajidos reales cuyas biografías presentan paralelismos llamativos con la leyenda. El historiador David Baldwin propuso al forajido Roger Godberd, de Leicestershire: Godberd luchó del lado de Simón de Montfort; tras la derrota de este en Evesham en 1265, él mismo fue declarado forajido y, según los informes, operó posteriormente también en el bosque de Sherwood. Son notables los paralelismos en los detalles: Un caballero local llamado Richard Foliot le concedió protección frente al sheriff, de forma muy similar a como el caballero Sir Richard at the Lee ayuda a Robin en la balada. En 1271, Godberd fue capturado en el bosque, permaneció varios años encarcelado y no fue indultado hasta el regreso de Eduardo I de su cruzada. Sin embargo, no hay pruebas de que Godberd fuera llamado jamás «Robin Hood», y las primeras baladas no mencionan nada sobre las reivindicaciones políticas concretas de la revuelta de Montfort; por lo tanto, la teoría sigue siendo una especulación.
Otro caso paralelo, más antiguo, es el de Fulk FitzWarin, un noble del castillo de Whittington, en Shropshire, cuya historia se narra en una novela en verso en francés antiguo (Fouke le Fitz Waryn, conservada desde principios del siglo XIV). Según el relato, Fulk creció en la corte de Enrique II junto al que más tarde sería el rey Juan Sin Tierra, se enemistó con él a raíz de una disputa infantil y más tarde fue desheredado, tras lo cual se adentró en el bosque con sus compañeros y se convirtió en un forajido. La trama presenta numerosas similitudes con motivos posteriores de Robin Hood, aunque es probable que se trate más bien de un patrón narrativo común que de una fuente directa: la historia de Fulk también se desarrolla más de un siglo antes de las baladas más antiguas conservadas sobre Robin Hood.
Barnsdale en lugar de Sherwood: donde todo comenzó
Cuando se piensa en Robin Hood, se piensa en el bosque de Sherwood, cerca de Nottingham. Sin embargo, es indiscutible, tanto desde el punto de vista histórico como literario, que las primeras tradiciones lo sitúan en realidad en el bosque de Barnsdale, en Yorkshire, y no en Sherwood. La ubicación geográfica en el distrito occidental de Yorkshire se considera ampliamente confirmada entre los historiadores, entre otras cosas porque los primeros topónimos relacionados con Robin Hood aparecen precisamente allí. El extenso relato en verso *A Gest of Robyn Hode* menciona incluso detalles geográficos precisos que vinculan las aventuras de los forajidos con lugares concretos. Solo con el paso del tiempo, el escenario se fue desplazando cada vez más hacia el sur, hasta que Sherwood y Nottingham se convirtieron en el escenario que hoy conocemos.
El relato extenso más antiguo: *A Gest of Robyn Hode*
Una de las fuentes tempranas más extensas es la balada *A Gest of Robyn Hode*. Lingüísticamente, puede datarse alrededor de 1450; sin embargo, solo se conserva en ediciones impresas de principios del siglo XVI, ya que no existe ningún manuscrito completo. La historia narra una sucesión de aventuras en torno a Robin Hood, Little John, un caballero empobrecido llamado Sir Richard at the Lee, un abad codicioso y el sheriff de Nottingham como adversario. Hacia el final de la historia, incluso el rey Eduardo —sin que se especifique de qué Eduardo se trata— viaja disfrazado a Sherwood para enfrentarse a Robin y a Sir Richard.
Aún más antigua que las ediciones impresas conservadas de las «Gest» es la balada *Robin Hood and the Monk*, considerada el manuscrito más antiguo que se conserva de la tradición de Robin Hood: Se conserva en un manuscrito de Cambridge (Ff. 5.48) que data de alrededor de 1450. A diferencia de la leyenda posterior, cada vez más edulcorada, muestra a un Robin claramente más rudo y violento, que cae en una emboscada en Nottingham y es rescatado por Little John. Junto con la «Gest» y la balada «Robin Hood and the Potter», igualmente cruda, constituye una de las fuentes primarias fundamentales a partir de las cuales se fue desarrollando poco a poco la leyenda posterior, ya suavizada.
De campesino libre a conde: cómo creció el mito

Hay un detalle fundamental que las adaptaciones cinematográficas modernas suelen pasar por alto: el primer Robin Hood no es un noble. Es un yeoman, es decir, un campesino libre o miembro de una clase social situada entre la nobleza y el pueblo llano. En los textos más antiguos simplemente no se menciona ningún origen nobiliario.
Esto no cambió hasta finales del siglo XVI. El dramaturgo Anthony Munday convirtió por primera vez a Robin Hood en el conde desterrado de Huntingdon en dos influyentes obras de teatro: *The Downfall of Robert, Earl of Huntington* (1598) y *The Death of Robert, Earl of Huntingdon* (1601). Aún hoy no se ha aclarado de forma concluyente por qué se eligió precisamente este título. En esas mismas obras aparece también por primera vez la doncella Marian en la forma que conocemos hoy en día: como Matilda, hija del conde de Fitzwalter, que sigue a su amado al bosque y allí adopta el nombre de Marian. También el hermano Tuck, como personaje fijo al lado de Robin, tiene su origen en esta tradición teatral. Esta «nobleza» del forajido se impuso por completo en el siglo XIX y sigue marcando la imagen popular hasta hoy.
El impulso decisivo lo proporcionó la novela de Sir Walter Scott Ivanhoe (1819): Scott hace que Robin Hood aparezca con el apodo de «Locksley» y, en ella, lo vincula por primera vez de forma firme con el rey Ricardo Corazón de León y su regreso tras su cautiverio en las Cruzadas. Esta conexión es una invención literaria del siglo XIX, no una tradición medieval; sin embargo, sigue marcando hasta hoy prácticamente todas las adaptaciones cinematográficas. También el apodo «Locksley» es obra de Scott y, desde entonces, se ha adoptado en numerosas ocasiones.
La profundidad con la que se ha arraigado la idea de un Robin Hood noble queda patente incluso en una supuesta lápida situada en Kirklees Park (West Yorkshire), no muy lejos de las ruinas del antiguo priorato de Kirklees. El cronista Richard Grafton mencionó por primera vez en 1569 una lápida con los nombres «Robert Hood» y «William of Goldesborough». Sin embargo, la inscripción que se encuentra allí hoy —en la que se le denomina «Robert, conde de Huntingdon»— es claramente más reciente: Desde el punto de vista lingüístico y estilístico, los expertos la datan, como muy pronto, a finales del siglo XVII, aunque más bien en el siglo XVIII. Además, la fecha que figura en la lápida, «24 de las calendas de diciembre de 1247», ni siquiera existe en el calendario romano. La «lápida» demuestra, por tanto, sobre todo una cosa: hasta qué punto se había afianzado la posterior narración sobre el conde de Huntingdon; como reliquia histórica real, no sirve de nada.
Los Merry Men: una comunidad sin líder fijo
Los famosos «Merry Men» tampoco eran, en un principio, una banda dirigida con mano de hierro. Su comunidad se basaba en que los hombres se habían unido voluntariamente y en pie de igualdad; por lo tanto, difícilmente podía existir entre ellos una jerarquía fija. En los primeros relatos, Robin Hood no es un líder indiscutible: sus compañeros, sobre todo Little John, apenas le van a la zaga en el tiro con arco. La cohesión y la lealtad hacia Robin deben demostrarse una y otra vez en las historias —por ejemplo, en las competiciones entre los propios «Merry Men», en las que se pone de manifiesto este problema fundamental de su comunidad—.
El bosque y el arco: símbolos con un significado original diferente

También los famosos motivos iconográficos tenían en la Baja Edad Media un significado distinto al actual. En las primeras historias, el bosque no es un espacio natural romántico, sino la consecuencia de un destierro: un espacio sin ley, al margen del derecho y la sociedad, que, sin embargo, puede ser al mismo tiempo —según sus propias reglas— un espacio de vida ordenado. Sin el bosque, Robin Hood es inconcebible: es el núcleo de su identidad. Debido a su capacidad para establecer, en medio de esta naturaleza salvaje, un orden propio y rival, los investigadores han comparado a Robin con la enigmática figura del «Hombre Verde», en la que el crecimiento exuberante de la vegetación se combina con rasgos humanos —una figura que transmite a la vez una amenaza y una promesa.
Cuando Robin empuña el arco, en los relatos más antiguos rara vez se trata de la caza furtiva de la caza real, como cabría suponer; con mayor frecuencia, el tiro con arco sirve como competición en la que Robin demuestra su superioridad sin ser reconocido, como, por ejemplo, en el famoso concurso de tiro del sheriff de Nottingham, que Robin gana enmascarado. Por el contrario, el primer Robin Hood libra casi siempre sus combates reales con la espada, el símbolo clásico de la masculinidad nobiliaria. El arco, en cambio, representa cuestiones más fundamentales de identidad y comunidad.
Del guardabosques al héroe de cine: Robin Hood en la gran pantalla
Pocas historias históricas han sido llevadas al cine tantas veces como la de Robin Hood —desde Douglas Fairbanks, pasando por Errol Flynn, hasta Kevin Costner, Sean Connery y Russell Crowe—. Lo que se mantiene en todas estas adaptaciones es el núcleo narrativo: el destierro injusto al bosque, la lucha por los desfavorecidos, el regreso del rey y la superioridad ética de Robin —a veces acrobática y juguetona, como en Fairbanks; otras, desenfadada y elegante, como en Flynn; y otras, ingenua e impetuosa, como en Costner—.
Algunas adaptaciones cinematográficas se alejan deliberadamente de esta imagen convencional. La película de Richard Lester Robin and Marian (1976), protagonizada por Sean Connery, muestra a un Robin Hood envejecido que fracasa ante su propia leyenda porque confía demasiado en ella —marcada por la desilusión de la era posterior a la guerra de Vietnam—. La serie de televisión británica Robin of Sherwood (1984-1986), de Richard Carpenter, va aún más allá: ser «Robin Hood» significa aquí interpretar un papel al que ninguna persona por sí sola puede hacer justicia por completo, razón por la cual el primer Robin de la serie incluso tiene un sucesor tras su muerte. Precisamente por su carácter episódico y de formato reducido, los investigadores consideran que esta serie se acerca más, en cuanto al contenido, a las primeras baladas que las grandes epopeyas cinematográficas.
Prince of Thieves (1991), de Kevin Reynolds, traslada en gran medida la actitud socialmente rebelde del personaje al ámbito privado; al final, lo que queda a la vista no es tanto el luchador por la libertad como el responsable padre de familia. Por su parte, *Robin Hood* (2010), de Ridley Scott, sitúa al personaje directamente en el contexto de la elaboración de la Carta Magna de 1215. Esta historización total al más alto nivel político conduce, paradójicamente, a que se pierdan muchos de los rasgos característicos de la leyenda: el bosque apenas aparece, la banda de forajidos no se forma hasta después de los acontecimientos mostrados, y la Carta Magna —históricamente, sobre todo un instrumento para garantizar los privilegios de la nobleza frente a la Corona— se reinterpreta como símbolo de un difuso anhelo de democracia. En general, se observa en el cine popular una tendencia a difuminar cada vez más las referencias político-sociales de la historia.
De forajido a rebelde social
La idea que hoy en día se tiene de Robin Hood como «vengador de los desheredados», que redistribuye sistemáticamente de los ricos a los pobres, es también una exageración posterior. El historiador británico Eric Hobsbawm acuñó a finales de la década de 1960 el término «bandido social»: delincuentes que no siguen ninguna ideología política, sino que reaccionan con una forma de vida de resistencia ante unas condiciones sociales que consideran inaceptables, poniendo de manifiesto las debilidades de la ley vigente y siendo venerados como héroes populares por los desfavorecidos.
Esto solo se aplica en parte al primer Robin Hood. Su «programa político», si se le puede llamar así, se expresa sobre todo en su propio modo de vida: no se define de forma negativa como un marginado, sino de forma positiva como creador y defensor de su propio orden. Al mismo tiempo, no es el héroe de un grupo social concreto: los primeros relatos no conocen la oposición entre ricos y pobres en el sentido de un conflicto de clases. Abordan la injusticia, la codicia y la violación de la ley siempre a partir de casos concretos: En *La Gest*, por ejemplo, Robin defiende a un caballero empobrecido al que unos clérigos, mediante prácticas comerciales dudosas, quieren quitarle sus tierras; se ridiculiza a la burguesía urbana orientada al lucro, mientras que a un artesano honrado se le recompensa generosamente. Es precisamente en episodios como estos donde reside el germen de la concepción moderna del «vengador de los desheredados», aunque la posterior reinterpretación de Robin como un noble leal al rey, que no cuestiona en absoluto las relaciones de poder existentes, atenúa considerablemente esta concepción de la libertad, originalmente más radical.
Hasta hoy, el personaje sigue siendo objeto de apropiación política: la organización ecologista Robin Wood se remite a su vínculo con el bosque para abogar por la protección activa de la naturaleza. En 2008, en Baden-Württemberg, el asunto cobró un cariz más concreto cuando un empleado de banco malversó fondos en beneficio de clientes necesitados, fue a la cárcel por ello y los medios de comunicación lo calificaron de «Robin Hood moderno». Investigadores como Judith Klinger ven con cierto escepticismo este tipo de comparaciones con personajes actuales —incluso con guerrilleros políticos—: a diferencia de los revolucionarios con una posición ideológica clara, Robin Hood y sus alegres compañeros no persiguen dogmas políticos ni pretenden en ningún momento derrocar el orden establecido. Más bien socavan el orden establecido de forma subversiva, también mediante la burla y la mascarada —un aspecto que a menudo se pasa por alto en la idealización moderna del héroe ético—.
Cronología: las etapas más importantes de la tradición de Robin Hood
- 1226: Un tal «Robert Hod» (más tarde «Hobbehod») aparece registrado como forajido en los Assize Rolls de York.
- 1265/66: Tras la derrota de Simón de Montfort, sus seguidores, los «desheredados», son declarados forajidos; entre ellos se encuentra, presumiblemente, el núcleo histórico de la futura leyenda.
- Hacia 1377: William Langland menciona por primera vez en la literatura, en *Piers Plowman*, las «rimas de Robin Hood».
- Hacia 1420: Andrew of Wyntoun sitúa por primera vez de forma concreta a Robin Hood en su crónica, en el año 1283, en Barnsdale.
- 1440-1447: Walter Bower describe a Robin Hood en el *Scotichronicon* como un notorio forajido.
- Hacia 1450: surgen las baladas más antiguas que se conservan, *Robin Hood and the Monk* y *The Gest of Robyn Hode*.
- 1598-1601: Anthony Munday convierte por primera vez a Robin Hood en conde de Huntingdon en dos obras de teatro.
- 1819: La novela de Walter Scott *Ivanhoe* vincula de forma definitiva a Robin Hood con Ricardo Corazón de León.
¿Qué dice la investigación hoy en día?
En resumen, se constata que no existe un único Robin Hood histórico identificado sin lugar a dudas. Sin embargo, sí existen rastros históricos —expedientes judiciales, topónimos, el repentino aumento de la popularidad de un apodo en el siglo XIII— que demuestran que, detrás de la leyenda, se esconde una experiencia social real marcada por la anarquía, los bosques y los conflictos en torno a la justicia y la propiedad de la tierra. Según el estado actual de la investigación, no se puede aclarar de forma definitiva si existió un único «Robin Hood original» o si la fama de varios forajidos se condensó con el paso del tiempo en una única figura legendaria.
Conclusión
Robin Hood es, por tanto, un ejemplo poco común de lo estrechamente entrelazadas que podían estar la historia y las historias en la Edad Media. Ya los cronistas medievales lo consideraban real, no porque tuvieran pruebas, sino porque los propios relatos le conferían una presencia histórica que durante mucho tiempo ni siquiera se cuestionó. Eso es precisamente lo que lo hace tan fascinante hasta hoy: un mito con raíces reales, cuyo origen exacto sigue siendo un misterio para la historiografía.










